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Computación cuántica: realidad, potencial y retos para las empresas

La computación cuántica es un concepto que cada vez aparece con más frecuencia en los medios y en las conversaciones sobre innovación. Sin embargo, sigue generando muchas dudas y expectativas, a menudo rodeadas de cierto halo de misterio.

Por Nelia Argaz

La computación cuántica es un concepto que cada vez aparece con más frecuencia en los medios y en las conversaciones sobre innovación. Sin embargo, sigue generando muchas dudas y expectativas, a menudo rodeadas de cierto halo de misterio. ¿Qué implica realmente esta tecnología para las empresas y por qué tantos sectores la observan con atención y cierta inquietud?

Para entenderlo, conviene partir de lo esencial: a diferencia de los ordenadores que usamos a diario, que procesan información en forma de bits –unos y ceros–, la computación cuántica utiliza qubits, que pueden representar ambos estados a la vez gracias a las leyes de la física cuántica. Esto no significa que estas máquinas “prueben todas las respuestas a la vez” o que sean simplemente más rápidas que los ordenadores actuales. En realidad, su fuerza radica en la forma en que manipulan probabilidades, reforzando soluciones correctas y descartando las incorrectas, de una manera inspirada en cómo interactúan las ondas en la naturaleza.

Hoy por hoy, pese a los titulares, esta tecnología atraviesa una fase inicial. Los ordenadores cuánticos actuales manejan entre decenas y pocos cientos de qubits, pero son equipos frágiles y sensibles a cualquier mínima interferencia. Aunque ya existen progresos importantes, como la reducción de errores gracias a la agrupación de qubits, aún faltan varios años para que una máquina cuántica realmente robusta y capaz de resolver problemas complejos esté al alcance comercial. Firmas líderes, como IBM, proyectan sus primeros sistemas tolerantes a fallos para finales de esta década.

¿Dónde reside entonces el verdadero potencial? Principalmente, en la simulación de procesos complejos a nivel atómico: el desarrollo de nuevos materiales, fármacos o baterías podría acelerarse gracias a la capacidad de estas máquinas para abordar cálculos imposibles para los sistemas actuales. Sin embargo, en muchos otros ámbitos, como la gestión de datos cotidianos o el simple uso ofimático, los ordenadores clásicos seguirán siendo más rápidos y fiables durante mucho tiempo.

Junto a las oportunidades, la computación cuántica plantea nuevos riesgos, siendo el más destacado el impacto potencial sobre la ciberseguridad. Los sistemas de cifrado que protegen la banca digital, el comercio online o la mensajería están diseñados defenderse frente a amenazas ejecutadas por ordenadores clásicos. En cambio, un futuro ordenador cuántico avanzado podría poner en jaque algunos de esos sistemas, lo que obliga a anticipar la necesidad de avanzar hacia sistemas de cifrado postcuántico. Aunque los expertos estiman que todavía queda una década para que ese escenario sea realidad, existe el riesgo de que datos cifrados hoy puedan ser descifrados en el futuro si no se actualizan las medidas de protección.

Por todo ello, la clave para las empresas está en informarse y adoptar una actitud preventiva. Es fundamental comprender qué puede suponer la computación cuántica para la gestión de la información, valorar los riesgos de inacción y empezar a plantear, con tiempo suficiente, estrategias de transición tecnológica. Separar mitos de realidades y prepararse para el futuro es, en definitiva, el mejor seguro para afrontar con seguridad y confianza los retos y oportunidades de la nueva era digital.