Por Rodrigo Suárez ,
Líder de Clima y Sostenibilidad para Marsh Latinoamérica y el Caribe
15/10/2026 · Lectura en 3 minutos
Una empresa puede proteger sus instalaciones y aun así detenerse si falla un proveedor, una carretera o el suministro de agua. Para la alta dirección en Latinoamérica, conocer el riesgo climático significa identificar qué puede interrumpir la actividad, cuánto ingreso depende de ello y qué inversión permite reducir ese impacto.
Los resultados regionales de la Encuesta de Adaptación Climática 2026 de Marsh muestran que el riesgo ya se propaga más allá de los activos. Entre las organizaciones de Latinoamérica y el Caribe que experimentaron pérdidas o interrupciones por fenómenos meteorológicos extremos, 78% reportó impactos en operaciones y personas. El 61% señaló afectaciones en infraestructura crítica y otro 61% en activos físicos. Más de la mitad, 56%, registró impactos en proveedores.
Además, 39% de las organizaciones afectadas indicó que había sufrido impactos de múltiples amenazas. Las más frecuentes fueron inundaciones, con 61%, estrés hídrico, con 39%, y tormentas tropicales, con 28%. Estos resultados refuerzan la necesidad de analizar las dependencias que sostienen la actividad, no solo el valor físico de cada ubicación.
Solo 56% de quienes respondieron en la región realiza un análisis prospectivo del riesgo climático. La señal positiva aparece en la profundidad del trabajo de ese grupo: 80% considera múltiples amenazas y 68% combina evaluaciones cualitativas y cuantitativas.
Entre quienes realizan estos análisis, 94% evalúa activos físicos y 81% operaciones y personas. Sin embargo, solo 50% incorpora infraestructura crítica y 50% proveedores. Para un comité ejecutivo, esa brecha importa porque una organización puede tener activos preparados y mantener una dependencia capaz de detener la operación.
La preparación formal sigue siendo desigual. El 23% integra la adaptación en una estrategia más amplia de clima o sostenibilidad y 10% dispone de una estrategia independiente. Otro 44% está desarrollándola o la tiene prevista o en consideración. El 20% no cuenta con una estrategia formal ni planea desarrollarla, y 3% no conoce la situación de su organización.
Las medidas más frecuentes se concentran en la continuidad del negocio, citada por 54%, la ingeniería de activos, con 52%, y la redundancia en la cadena de suministro, con 42%. La prioridad para la alta dirección consiste en relacionar cada medida con pérdidas evitadas, tiempo de recuperación y tolerancia al riesgo.
La preocupación por el costo o la disponibilidad del seguro pasa de 28% ante la próxima renovación a 55% al considerar los siguientes cinco años. Pese a ello, solo 10% afirma que sus medidas de adaptación han sido reconocidas en negociaciones mediante mejores condiciones, como menores deducibles, límites más altos o ahorro en primas.
La cifra no implica que toda inversión de adaptación deba producir una mejora inmediata en el seguro. Sí muestra la necesidad de documentar las medidas, cuantificar su efecto y compartir esa evidencia con aseguradoras y proveedores de capital.
Cinco preguntas sobre riesgo climático para la alta dirección
1. ¿Qué ingresos dependen de una ubicación, proveedor o infraestructura expuesta?
2. ¿Qué amenazas agudas y crónicas podrían actuar de forma combinada?
3. ¿Cuánto tiempo puede operar la empresa si falla una dependencia crítica?
4. ¿Qué inversión reduce más la pérdida esperada y cómo se medirá?
5. ¿Cómo documentamos las mejoras para el mercado asegurador y los proveedores de capital?
Latinoamérica y el Caribe no constituyen una exposición homogénea. Las amenazas, la disponibilidad de recursos y las alternativas logísticas varían entre países y dentro de un mismo mercado. La gestión regional debe usar criterios comparables y reconocer las diferencias locales para detectar concentraciones que una revisión aislada podría pasar por alto.
Agenda Climática Latinoamérica 2026 reúne los resultados y recomendaciones de Marsh para ayudar a las organizaciones a evaluar vulnerabilidades, establecer planes medibles y fortalecer la resiliencia de sus operaciones y cadenas de valor.
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