Por Orlando Rivera ,
Líder de Soluciones de Consultoría en Marsh Perú
08/07/2026
Entre 1997 y 2023, el Fenómeno El Niño generó en Perú pérdidas acumuladas superiores a USD$10,000 millones. En 2026, el país enfrenta la posibilidad de un acoplamiento entre El Niño Costero y El Niño Global — una combinación que no tiene precedente reciente. Para las organizaciones que operan en el país, la pregunta ya no es si el fenómeno ocurrirá, sino si sus operaciones están preparadas para responder.
El Perú enfrenta uno de los escenarios climáticos más complejos de los últimos años. El Comunicado Oficial ENFEN N.º 10-2026 mantiene el estado de Alerta de El Niño Costero y proyecta su continuidad hasta febrero de 2027
Para las organizaciones, el desafío no radica únicamente en comprender el fenómeno, sino en evaluar cómo podría afectar sus operaciones, su cadena de suministro y su capacidad de respuesta ante una interrupción prolongada.
Los datos muestran que este riesgo ha cambiado de escala.
Estas cifras reflejan una realidad que muchas organizaciones todavía subestiman: El Niño ya no puede considerarse una contingencia excepcional. Se ha convertido en una variable de riesgo que debe incorporarse dentro de los procesos de planificación estratégica, continuidad del negocio y gestión de riesgos empresariales.
Las pérdidas registradas en eventos anteriores ayudan a dimensionar el impacto. El Fenómeno El Niño de 1997-1998 generó daños estimados en USD 3,500 millones. El Niño Costero de 2017 ocasionó pérdidas cercanas a USD 3,125 millones, mientras que el evento de 2023 alcanzó aproximadamente USD 2,600 millones.
La tendencia es clara: los eventos son más frecuentes y las consecuencias económicas continúan siendo significativas.
La exposición al Fenómeno El Niño no depende únicamente de la ubicación de una instalación. Incluso organizaciones fuera de las zonas afectadas pueden enfrentar interrupciones significativas: una empresa manufacturera en Lima puede ver paralizada su cadena de suministro si sus proveedores en Piura o La Libertad quedan incomunicados; una empresa del sector agroexportador puede enfrentar pérdidas de cosecha y retrasos en exportaciones que afectan compromisos ya firmados; una empresa de logística puede perder semanas de operación por el cierre de la carretera Panamericana Norte.
Por ello, El Niño no debe analizarse únicamente como un riesgo físico. Su impacto puede extenderse a la operación, el desempeño financiero y la capacidad de respuesta de la organización, aun cuando sus activos no sufran daños directos.
No todas las operaciones tienen el mismo nivel de impacto. Antes de la temporada de lluvias, las organizaciones deberían:
Anticipar distintos escenarios permite responder con mayor rapidez cuando ocurre un evento. Para ello, es recomendable:
Muchas organizaciones cuentan con planes documentados que no han sido revisados recientemente. Antes de un evento climático, es importante:
La preparación también implica verificar que las soluciones de aseguramiento respondan al perfil de riesgo de la organización. Para ello, conviene:
La preparación efectiva requiere una visión integrada. No basta con proteger instalaciones si la organización no puede mantener sus operaciones. Tampoco es suficiente contar con seguros adecuados si los procesos críticos carecen de planes de continuidad definidos.
En Marsh acompañamos a las organizaciones de Latinoamérica en la identificación, evaluación y gestión de riesgos climáticos. Contáctenos para evaluar la exposición de su organización antes de la próxima temporada.
Porque sus impactos van más allá de los daños físicos. Puede afectar la continuidad operativa, la cadena de suministro, la disponibilidad de personal, los ingresos y la capacidad de cumplir compromisos con clientes y proveedores.
Concentrarse únicamente en la protección de activos físicos. La experiencia demuestra que muchas de las pérdidas más significativas están asociadas a interrupciones operativas, afectaciones en la cadena de suministro y paralización temporal del negocio.
Evaluar su exposición al riesgo, actualizar planes de continuidad del negocio, revisar la vulnerabilidad de activos críticos, fortalecer protocolos de respuesta y validar que las coberturas de seguro respondan adecuadamente a su perfil de riesgo.