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Blog: El riesgo en contexto

Realidad en Perú de la gestión de seguridad y salud en el trabajo

Por Ana María Ruiz y Vanessa Choroco Jueves, 25 Abril 2019

En el año 2012, la legislación peruana enmarcó la obligatoriedad de las empresas de implementar un sistema de gestión para la prevención de accidentes y enfermedades ocupacionales. 

En una primera etapa, la prioridad de las empresas era cumplir con las exigencias legales. El espíritu de la norma, que es la prevención, no era el foco principal. Algunos sectores específicos, como minería, construcción e hidrocarburos, que ya tenían una exigencia específica en esta materia, contaban con sistemas y protocolos más maduros para la prevención de riesgos laborales.

Hoy, siete años después y luego de algunas modificaciones y adaptaciones a la norma, vemos como esta prioridad ha ido evolucionando. Según un estudio realizado por Marsh Perú, el principal foco para las empresas este año es la mejora en condiciones de trabajo y garantizar la seguridad y salud de los trabajadores. Los resultados arrojaron que 63% de las empresas participantes manifestaron este punto como prioritario. 

No obstante, la consolidación del sistema de gestión y la implementación de herramientas tecnológicas que faciliten esta gestión son los retos más importantes a enfrentar este año. Esto debido a la complejidad de las organizaciones y a la dificultad de integrar este sistema de forma “seamless” a la gestión integral de la empresa. Cada día es más común que las empresas opten por softwares para una adecuada gestión que contemple todo el ciclo PHVA (Planear, Hacer, Verificar y Actuar).

La realidad en el Perú

Si bien esta responsabilidad muchas veces recae sobre un área independiente y autónoma de seguridad y salud en el trabajo (43% de empresas encuestadas), ello no debe significar que los objetivos de prevención sean sólo responsabilidad de ésta. Debe ser una visión transversal a la organización y ser parte de una estrategia integral con miras a convertirse en una empresa saludable. Cuando el rol recae sobre el área de recursos humanos (35% de empresas en este estudio), la tarea pareciera tener mayor posibilidad de asumirse de forma integral, pero la falta de conocimiento técnico puede ser un reto a superar. 

Por otra parte, es necesario dar la importancia relativa al rol así como los recursos necesarios para el logro de los objetivos de gestión de la salud. Menos de un tercio de las empresas (28%) tiene un nivel gerencial para liderar las responsabilidades de seguridad y salud en el trabajo, mientras que casi 60% le asigna esta responsabilidad a un nivel de jefaturas o coordinador. Esta tarea debe ser prioritaria no sólo para las empresas de alto riesgo como mineras o constructoras, sino que debe interiorizarse como estratégica para la organización pues la tendencia mundial es el desarrollo de una cultura de empresa saludable. 

En cuanto a los perfiles que componen los equipos, encontramos principalmente ingenieros (81%) y médicos (64%), mientras que psicología ocupacional sólo tiene presencia en un 10% de empresas. Estas cifras nos hacen notar que las organizaciones están priorizando la prevención de accidentes sobre las enfermedades ocupacionales, y aún más rezagada se encuentra la preocupación por la salud mental. Esto se reafirma con la intención de reforzar los equipos con perfiles similares, pues 63% de empresas tienen en sus planes la incorporación de ingenieros, 20% de contratar médicos y sólo 6% de incluir psicólogos.

La gestión de la salud no tiene resultados de corto plazo, sin embargo, es una inversión que debe iniciarse para construir una fuerza laboral saludable. También debemos gestionar la salud mental, pues ya constituye la principal causa de discapacidades y ausentismo a nivel mundial según la OMS. No obstante, el registro de estas condiciones a nivel Perú no muestra esta realidad oculta. 

El compromiso de la alta dirección es fundamental en la construcción de una cultura de seguridad y salud. El 85% de las organizaciones tiene un presupuesto asignado para esta gestión y un 80% de las organizaciones tiene el involucramiento de la alta dirección en esta gestión. Sin embargo, el porcentaje de empresas que traducen esto en responsabilidades para todos los niveles baja a 74%, y un número menor, 67%, tiene herramientas y protocolos definidos para la comunicación y participación de todos los trabajadores en este aspecto. Por otro lado, sólo un 21% de empresas tienen un esquema de bonificaciones e incentivos por mejora en indicadores de seguridad y salud.

Estas cifras muestran una evolución positiva en la gestión de seguridad y salud, situación que se refleja en un 74% de empresas que realizan actividades de prevención adicionales a lo estrictamente requerido por la normativa nacional. En comparación con el estudio del 2017, las empresas están pasando de la implementación de un sistema de gestión estrictamente para el cumplimiento de la ley, a un sistema de gestión en donde se incluyen programas de prevención en salud, así como orientados al estudio de los comportamientos como causa principal de los accidentes de trabajo.

El desarrollo de una empresa saludable debe nacer del compromiso de la alta dirección, alinearse con los objetivos estratégicos de la misma y traducirse en planes, metas e indicadores concretos para cada trabajador. No debe ser una iniciativa aislada de un área, debe ser un reto transversal a toda la organización y tener el soporte para mantenerse vivo en el tiempo, tanto en recursos como en prioridades. Una fuerza laboral saludable y motivada es fundamental para la sostenibilidad y éxito del negocio.

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