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Blog: El riesgo en contexto

El impacto de la salud mental en la fuerza laboral de las empresas

Por Bárbara Carbonell, Javier Dartiz Hernández, Claudia Espinoza, Camila González, Karen Ximena López y Carlos Andrés Rubio Jueves, 16 Mayo 2019

Uno de los principales desafíos actuales para las empresas es lograr equilibrio entre la optimización de los recursos disponibles y el cumplimiento del compromiso con los colaboradores para que incorporen y practiquen la gestión de su salud en las áreas de trabajo, y sirva como pilar en el logro de objetivos individuales y organizacionales.

Desde la década de los años 80, la Organización Internacional de Trabajo (OIT) definió los riesgos psicosociales y reconoció a la industrialización como la causante de la presencia de éstos en los países en desarrollo, lo cual permitió comprender la relación de la salud mental con los ambientes laborales. Según un reporte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que la depresión y la ansiedad tienen un impacto en la economía global de un billón de dólares al año en pérdida de productividad, y que en el año 2020 la depresión será la principal causa de discapacidad en todo el mundo, sólo superada por las enfermedades cardiovasculares.

La salud mental se define como un “estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera, y es capaz de hacer una contribución a su comunidad” (OMS, 2013).   Las personas con un diagnóstico de enfermedad mental son más propensas al desarrollo de condiciones crónicas, y las personas con enfermedades crónicas son más vulnerables al deterioro de su salud mental. Esto se ve reflejado en la prevalencia de los trastornos mentales como causa de discapacidad a nivel mundial, lo cual afecta directamente a las empresas.

Es importante resaltar que los  trastornos mentales y neurológicos representan casi la cuarta parte de la carga total de enfermedad en Latinoamérica y el Caribe (OPS). En nuestra región, la salud mental es el tercer factor que más influye en los costos médicos para los programas de salud auspiciados por los empleadores, de acuerdo a nuestro Informe Global de Tendencias Médicas 2018.

Existen factores de riesgo psicosociales relacionados con el trabajo tales como el acoso laboral y sexual, el estrés, la inestabilidad económica, la violencia, discriminación y sedentarismo, mismos que impactan negativamente la salud mental. Se presenta una tendencia generalizada hacia los trastornos de ansiedad cuando las dificultades están relacionadas con las interacciones sociales en el trabajo, y de trastornos del estado de ánimo, abuso de sustancias, y problemas gastrointestinales cuando los factores de riesgo se asocian a las cargas de trabajo.

El estigma, el desconocimiento, los aspectos culturales, el pobre acceso a servicios de salud de buena calidad, los costos de los tratamientos, la falta de políticas y legislación apropiada son algunas de las barreras que afectan los servicios de salud mental. El acompañamiento y los tratamientos de trastornos mentales están sólo en algún grado a disposición de los empleados cubiertos por los planes de seguros médicos, de acuerdo a datos del Informe Global de Tendencias Médicas 2018. Una cultura laboral de silencio es una barrera para que los empleadores puedan obtener la ayuda necesaria.  Según estudios, la salud mental es aún uno de los temas más difícil de compartir en el escenario laboral (Mental Health at Work Report 2017).

Paulatinamente se ha observado un mayor reconocimiento de los empleadores ante la necesidad de ofrecer más apoyo e implementar políticas  en temas de salud mental, dando paso al surgimiento de conceptos como beneficios, balance vida-trabajo, “engagement”, diversidad e inclusión, y “wellness”. Esto son ejemplos de  herramientas que las empresas están utilizando para promover la salud mental en las organizaciones, y que están alineadas con el incremento de la productividad y la estrategia del negocio.

Enfocarse en el cuidado y la prevención de la salud mental se convierte en una herramienta indispensable y eficaz para lograr la calidad de vida de los colaboradores dentro y fuera del trabajo, además de reducir el estigma que rodea a las enfermedades mentales, aumentar considerablemente el capital social, ayudar a reducir la pobreza y promover el desarrollo de cada país.