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Continuidad de negocio: la brecha que frena su operación

77% de las empresas en LATAM gestiona riesgos para asegurar su continuidad, pero solo 29% protege sus ingresos ante una paralización. Descubra cómo cerrar la brecha.

El costo de no tener una adecuada gestión de riesgos en la continuidad de negocios

Asegurar la continuidad del negocio es la razón número uno por la que las empresas en  Latinoamérica deciden actuar frente al riesgo: así lo declara el 77% de ellas, según el II Estudio de Riesgos Empresariales en Latinoamérica de Marsh. La contradicción aparece al revisar las  coberturas: solo el 29% ha trasladado esa prioridad a una protección concreta de sus ingresos  frente a una paralización de su operación. Esa brecha entre lo que más preocupa y lo que  realmente se protege es el verdadero costo oculto. Si su empresa actúa para no detenerse, la  pregunta es inevitable: ¿cuánto tiempo de inactividad puede soportar su operación antes de que  el impacto sea irreversible?  

El primer objetivo de toda gestión de riesgos en LATAM

Las empresas latinoamericanas no gestionan riesgos por miedo, lo hacen por supervivencia. El  estudio es claro al respecto: su principal motivación es mantener las operaciones en marcha,  incluso frente a disrupciones, y así lo confirma el 77% de las organizaciones. Esta prioridad por la  continuidad operacional aparece muy por encima de otras razones como reducir costos o  proteger la reputación, y se sostiene de forma transversal en Brasil, México, Chile, Perú y Colombia. La continuidad del negocio, en otras palabras, dejó de ser un objetivo abstracto para  convertirse en el motor concreto de la inversión en gestión de riesgos.

¿Qué frena la gestión de riesgos operacionales?

La brecha entre intención y acción tiene causas identificables. La primera es la falta de un  diagnóstico claro: sin medir la exposición real, la continuidad se gestiona por intuición y no con  datos. La segunda es la complejidad percibida, que lleva a muchas organizaciones a posponer la decisión por considerarla más costosa o más técnica de lo que realmente es. Y la tercera, quizá la más frecuente, es una confusión de fondo entre dos cosas distintas: proteger el patrimonio y  asegurar la continuidad.

El 77% de las empresas en Latinoamérica actúa para asegurar su continuidad, pero solo el 29% protege sus ingresos frente a una paralización de su operación.  

Una empresa puede tener asegurados sus activos físicos como edificios, maquinaria, inventario y  creer que con eso está cubierta. Pero proteger el bien dañado no es lo mismo que sostener los  ingresos que se dejan de percibir mientras la operación está detenida. Son dos lógicas diferentes, y asumir que una incluye a la otra es uno de los puntos ciegos más caros en la gestión de la  resiliencia empresarial.  

Qué tan vulnerable está su negocio ante una interrupción operativa

La interrupción operativa rara vez avisa, y en la región adopta formas muy concretas. Puede  originarse en la falla de un proveedor clave que detiene la cadena de suministro; en un siniestro en las instalaciones, como un incendio que paraliza la producción; o en factores propios del contexto  latinoamericano, como la disrupción forzada por inseguridad en México, los eventos climáticos  extremos que afectan operaciones en Colombia y Perú, o la volatilidad económica que presiona los márgenes en Brasil. En todos los casos, el patrón es el mismo: la operación se detiene y los costos  fijos continúan.

Cuantificar ese impacto es el ejercicio que transforma la conversación. No se trata solo de cuánto  cuesta reparar el daño, sino de cuánto cuesta cada día sin operar: nómina que sigue corriendo,  clientes que migran a la competencia, contratos que se incumplen y una reputación que se  erosiona. Para un gerente general, traducir la continuidad del negocio a esa cifra diaria es el primer paso para dimensionar la exposición que hoy puede estar asumiendo sin saberlo.  

¿Cómo se construye un programa de riesgos que asegure la continuidad?

Una gestión de riesgos que proteja la continuidad no se compra: se diseña. Su valor no está en  una solución aislada, sino en un proceso que empieza por el análisis de exposición — identificar  qué procesos son críticos y qué los amenaza — continúa con la asesoría especializada para  interpretar ese diagnóstico y se concreta en un portafolio de soluciones a la medida que combine  prevención, mitigación y respuesta. La protección patrimonial resguarda lo que la empresa posee;  una estrategia de continuidad protege su capacidad de seguir operando.

Las organizaciones más resilientes de la región son las que entienden esa distinción y la convierten  en un plan accionable. No esperan al siniestro para descubrir qué tan expuestas estaban; cruzan  antes el umbral que separa "reconozco el riesgo" de "tengo un plan para enfrentarlo". Ese tránsito, más que cualquier producto, es lo que define la continuidad operacional en un entorno tan  cambiante como el latinoamericano.

Del diagnóstico a la decisión

La continuidad operacional seguirá siendo la prioridad declarada de las empresas  latinoamericanas, pero la ventaja competitiva no estará en quién la nombra, sino en quién la  protege con una estrategia real. Cerrar la brecha entre el 77% que prioriza la continuidad y el 29% que la asegura es hoy una de las decisiones de mayor impacto que un gerente puede tomar.  

En Marsh apoyamos a las organizaciones de Latinoamérica en el diagnóstico de su exposición a  interrupciones y en el diseño de estrategias de continuidad operacional. Contáctenos para iniciar  una conversación.  

En Marsh apoyamos a las organizaciones de Latinoamérica en el diagnóstico de su exposición a interrupciones y en el diseño de estrategias de continuidad operacional. Contáctenos para iniciar una conversación.